La crisis islandesa: ¿pagar o no pagar?

Hace aproximadamente un año que estuvimos hablando por aquí de la situación a la que había llegado Islandia. Una vez ejemplo de país con una calidad de vida envidiable, con una pequeña población industriosa y eficiente. Pero todo desapareció de un plumazo de la mano de la crisis financiera del 2008.

Todo por los bancos ávidos de beneficios fáciles y sin ninguna preocupación por los riesgos que estaban asumiendo, muy por encima de su capacidad, como a la postre se ha demostrado. La caida de Icesave y Landsbanki ahora tiene que ser amortiguada por los ciudadanos islandeses.

Esta historia de rescate de los bancos por parte del gobierno no es nueva y ha ocurrido en otros países (Irlanda, Holanda, Estados Unidos, Reino Unido, y también aquí en España aunque por el momento a menor escala). Pero en Islandia ha ocurrido algo completamente novedoso y es que el pueblo se ha negado a asumir las deudas contraidas por los bancos privados. Y lo ha hecho agotando todas las posibilidades que su democracia les permitía haciendo efectivo su derecho a participar en decisiones de especial importancia, como en este caso lo es.

Hace un año que se sometió a referendum una primera ley que había aprobado el parlamento islandés para devolver el dinero que el gobierno inglés y holandés habían aportado para compensar las pérdidas de los clientes afectados por la quiebra de Icesave. La cantidad reclamada oscila alrededor de los 3.700 millones de euros y sus intereses.

Ese primer referendum (7 de Marzo del 2010) rechazó de manera abrumadora la ley y se opuso frontalmente al acuerdo que había negociado el gobierno islandés. A partir de ese momento se abrió una nueva negocación ante las fuertes presiones de los organismos financieros internacionales.

Esta nueva negociación llegó a un nuevo acuerdo que fue aprobado por el parlamento islandés, el 17 de Febrero del 2011, pero posteriormente fue vetado por el primer ministro y automáticamente se ha convertido en una nueva convocatoria de referendum que tendrá lugar el próximo 9 de Abril de 2011. Dejando la decisión final en manos del pueblo.

Parece que esta vez las cosas han cambiado sustancialmente y la gente está más por la labor de acabar con este asunto (más del 60% votarían a favor) y lavar su imagen de cara al exterior. Pero, ¿qué ha cambiado?:

  1. Por un lado una disminución de los intereses aplicados por Reino Unido y Holanda desde el 5% previo hasta el 3% actual.

  2. Por otro lado, el contribuyente solamente se hará cargo de lo que los activos de los bancos quebrados no puedan cubrir y los activos de Landsbanki han incrementado su valor (principalmente inversiones en empresas) debido a la mejora de la situación económica.

  3. Por otro lado la presión internacional es fuerte. Desde el exterior no se olvida que todos los ratings sobre Islandia están en el nivel de riesgo más alto y que tiene que afrontar pagos sobre los préstamos (más de 2.100 millones de dólares) que ha recibido del FMI. Un no a la ley haría que los organismos internacionales iniciasen acciones legales contra Islandia que tendría muchas papeletas de perder y que supondría que el coste de la deuda se vería penalizado e incrementado. Además de ver como su prestigio internacional quedaría dañado irreversiblemente.

La respuesta: el 9 de Abril de 2011.


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Rescate financiero

Hoy quería hablar un poco de un término que después de pensarlo mucho no sé como no ha salido antes por aquí. La verdad es que aparece muy a menudo en la prensa económica y hace tiempo que lo escuchamos en radio y televisión a todas horas.

En los últimos tiempos se ha pasado de rescatar bancos y empresas aseguradoras, que fueron las que marcaron los primeros pasos de esta crisis, para ponerse a rescatar países.

El término rescate financiero no se había usado tan frecuentemente como actualmente desde hace mucho tiempo pero hubo épocas pasadas en las que su uso fue también frecuente. En inglés el término de significado más parecido sería bailout, y si leeis cualquier periódico anglosajón lo vereis hasta en la sopa.

Las connotaciones del término inglés son siempre especiales por la forma que tienen de gradar los riesgos. Para mi resulta muy difícil conseguir ver la diferencia cuando manejan por ejemplo bailout frente a otras ocasiones en las que utilizan bank rescue para cosas aparentemente iguales.

En términos económicos, el rescate financiero se aplica cuando es necesario inyectar una cantidad importante de dinero para evitar que una entidad financiera (sea un banco, una gran aseguradora, o incluso un país) llegue a la quiebra. Este rescate a pesar de ser un mal negocio para el rescatador es un mal menor para evitar que se produzca un efecto dominó que lleve a todo el sistema hacia un agujero sin fondo.

Establecer el límite entre donde es realmente necesario efectuar un rescate y donde no lo es es uno de los puntos más difíciles a determinar, pero el número de variables a estudiar para tomar la decisión es muy grande. Se acusa, a toro pasado, que la decisión de no rescatar el banco privado Lehman Brothers puede haber hecho que esta crisis haya adquirido las proporciones que estamos viviendo a estas alturas.

Por otro lado, se acusa a los grandes beneficiados de los rescates de haber actuado de manera irresponsable y de haber salido completamente indemnes a costa del dinero que los contribuyentes han tenido que poner. Siendo estos últimos los grandes perjudicados tanto por un lado (poniendo dinero) como por otro (por ejemplo: viendo como las condiciones para conseguir un préstamo son cada vez más duras).

Desde el estallido de la crisis en todas las listas de mejoras del sistema financiero siempre ha salido el mejorar y acelerar la valoración a la hora de realizar un rescate, haciéndolo lo más justo posible. Con las complejidades que entraña no lo veo fácil y hasta ahora no he visto pasos para ello: valga como ejemplo los dimes y diretes hasta que se acordó el rescate de Grecia.