La familia Rothschild (y III)

Aunque el tema da para varios libros no es la intención de este blog contar aquí toda la historia sino dar unas pinceladas que sirvan para delimitar los inicios de la misma. La posterior evolución de la saga es demasiado compleja.

La semana pasada hablábamos de cómo la empresa fundada por Mayer Amschel se había dividido en 5 sucursales en las cinco ciudades más importantes de la época (Frankfurt, Viena, París, Londres y Nápoles). La empresa estaba preparada para dar un salto de calidad y éste vino de la mano de uno de los hijos, el que tenía un mayor talento financiero.

Nathan Mayer Rothschild era muy joven, sólo tenía 21 años, cuando en 1798 decidió probar fortuna en Inglaterra, primero fijando su residencia en Manchester. En un primer momento su función era la de servir de extensión de la empresa en el extranjero para manejar de primera mano todos los negocios que tenían con Inglaterra. Pero Nathan tenía sus ideas y aprovechando que durante las continuas guerras entre Francia e Inglaterra (guerras napoleónicas) eran constantes los bloqueos empezó a desarrollar una empresa de importación/exportación textil. Los productos textiles ingleses eran muy apreciados en el continente europeo. Posteriormente comenzó a comerciar con oro. Esta infraestructura capaz de burlar bloqueos demostraría ser muy importante para un futuro muy cercano.

Allá por 1809 y ya establecido en Londres, Nathan que tenía una habilidad innata para los negocios y las relaciones personales, estaba cultivando sus amistades con los círculos de poder ingleses y empezó también a realizar todo tipo de operaciones financieras, muchas de ellas invirtiendo el dinero que el príncipe elector de Hesse había confiado a su padre.

Cuando Wellington necesitó una importante cantidad de dinero para pagar a sus tropas en campaña, Inglaterra no pudó acudir a un mejor gestor. A través de los contactos de toda la familia por Europa y de su infraestructura de envíos/contrabando fue capaz de poner en manos de Wellington el oro necesario para continuar la guerra.

Aquel fue un paso decisivo, seguido por otra jugada que le reportaría unos beneficios extraordinarios. En 1815, cuando se dirimío la hegemonía en el continente en la batalla de Waterloo cuenta la leyenda que Nathan (o alguno de sus confidentes) estaba presente y nada más conocer el resultado lo transmitió a Londres donde empezó a vender muchos de los bonos que tenía en su poder. Rápidamente se corrió la voz y todo el mercado de bonos se desplomó, momento que Nathan aprovechó para comprar una cantidad enorme de los mismos a un precio muy reducido. Una vez la coyuntura internacional se estabilizó y la paz se abrió camino, los bonos comenzaron a subir sin pausa.

En menos de 2 años vendió estos bonos y los beneficios que obtuvo fueron astronómicos. Esa fue la base sobre la que edificó uno de los negocios financieros más exitosos de la historia económica.

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